junio 15, 2014

Cuestión de Principios

Cuando Hannah Arendt habla de la acción como el ejercicio de la pluralidad a través del discurso, como esa actividad humana que está sujeta al acuerdo de muchos, como la única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, se refiere no a la "conditio sine qua non" sino a la "conditio per quam" de toda vida política que cambia la fuerza y la violencia por las palabras y la persuación.

Esa mirada de Arendt se encuentra muy lejos de todo cálculo o razón instrumental, de todo ese ejercicio, que los griegos consideraban prepolítico, de la legislación y la ejecución de las decisiones por medio del voto puesto que en ellos no se da la verdadera acción --praxis—sino únicamente fabricación –poiesis. Precisamente, es en ellos en los que el hombre renuncia a su capacidad para la acción y pasa a actuar como artesano en aras de un producto tangible y una mayor confiabilidad.

Es decir, la acción –verdadera base de la política— no puede reducirse a un ejercicio de cálculo en favor de un producto más estable; la política es frágil y humana, queda por fuera de la esfera de la utilidad y la necesidad y debe moverse en el ámbito de la libertad. Es un asunto de principios así muchos no quieran verlo. Es quizá por eso que los dilemas morales o políticos dejan ese sinsabor porque parecen poner a escoger a un vegano entre carne de res o carne de cerdo, violando todos sus principios, buscando salvar... ¿qué?

Quizás esto responda las preguntas que me han hecho últimamente sobre la razón de no votar por ninguno de los dos candidatos; se trata de un asunto de principios; yo no voto con tapabocas como dicen algunos porque para mí el voto es sagrado. Y la política... (esa pobre vieja encalambrada con mermelada malhecha) creo que está mucho más allá de toda política partidista, de todo cálculo electorero entre godos y manzanillos.

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