¿A cuál? ¿A quién?: al cínico señor del maleficio,
al misterioso búho de alma peripatética!
Singlaremos entonces con rumbo al precipicio,
con rumbo al precipicio y a la nada hipotética,
pero iremos impávidos, ecuánimes, serenos,
diciendo la parábola desdeñosa y estética:
todo vale nada, si el resto vale menos!
Leon de Greiff.
Con la caída del muro de "El Retrete" quisimos saber qué podíamos hacer con los pedazos. Cada uno tomó un trozo de él, un camino al azar & terminó en alguna parte (a quien no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve). Estos son los fragmentos que cada uno, desde su obligado retiro, envía a sus cómplices para tratar de reconfigurar ese dispositivo que en algún momento pudo ejercer la curvatura suficiente para cerrar los caminos de cada uno en una pequeña nube de espacio tiempo.
enero 26, 2005
enero 25, 2005
Roberto Juarroz - A Veces un Poema nos Despierta
A veces
un poema
nos despierta desde el sueño.
Y aunque volvamos a dormirnos
para encontrar otra vez el poema,
no podemos hallarlo.
Los poemas de los sueños
van hacia otra parte.
Roberto Juarroz.
Tomás Segovia - Cuaderno del Nómada (3)
El hombre que ha aprendido a modelar
Entre sus manos las palabras
Para que en ellas hable
Un lenguaje de huellas
Corporal & movible & sin sentencias
Ese a la vez que escucha
Decir lo que se dice
Mira lo que se muestra sin decirse
& así para pensar
En lo que vive en él & es él bajo las sombras
o en esa luz donde su vida
se mira & se profiere
No confía en la lengua de su boca
& prefiere callar
& esperar la evidencia del abismo.
Tomás Segovia
Jaime Gil de Biedma - Contra Jaime Gil de Biedma
De qué sirve, quisiera saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -& ya es decir-,
poner visillos blancos
& tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato & a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
& los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
& te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. & si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
& dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual & que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
& que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, & me lloras
& me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
& si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
& que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena & descontento,
& la desesperanza
& la impaciencia & el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol & de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
& la más innoble
que es amarse a sí mismo!
Jaime Gil de Biedma.
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